Sueño cumplido!!!…lo político por encima de lo jurídico.

Julio de Vido,  una de las figuras emblemáticas de la corrupción en los años del kirchnerismo,  abandonó la prisión el sábado de madrugada y ya está en su casa, en régimen de arresto domiciliario. Solo cuatro días después de que el peronismo retornara al poder, la Cámara de Casación decidió que De Vido llevaba más de dos años en prisión preventiva y no estaba “fundamentado ni el peligro de fuga ni el peligro de entorpecimiento de una investigación”, por lo que le concedió una gracia que acababa de negarle el Tribunal Oral Federal número 7. También se benefició de la misma decisión Roberto Baratta, antiguo taxista y mano derecha de Julio de Vido en el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios.

El exministro tiene muchas otras causas pendientes: por compra de material ferroviario en mal estado a empresas españolas y portuguesas, por supuestos sobreprecios y comisiones en la adquisición de material informático para los tribunales, por presuntas irregularidades en el manejo de fondos públicos procedentes de Yacimientos Carboníferos Río Turbio, por supuestas irregularidades en la importación de gas licuado, por supuesta percepción de sobornos en la construcción de un gasoducto, y por presunto fraude en un plan de construcción de viviendas sociales en colaboración con la Fundación Madres de Plaza de Mayo. También está encausado en un sumario de presunta malversación en la concesión de obra pública vial, cuya principal acusada es Cristina Fernández de Kirchner. En 2017, la Cámara de Diputados decidió por mayoría retirar los fueros parlamentarios a De Vido, lo que permitió su encarcelamiento preventivo.

Su colaborador Roberto Baratta, antiguo número dos del ministerio, no deberá permanecer en su domicilio, pero sí llevar una tobillera electrónica. En 2003, Baratta era un taxista y vendedor de lotería que vio a Néstor Kirchner, entonces candidato a la presidencia, en una cafetería y se le acercó para pedirle trabajo. Kirchner le dijo que telefoneara a Julio de Vido. En poco tiempo, De Vido y Baratta establecieron una estrecha relación personal y profesional. Durante el kirchnerismo, Baratta se ocupó de las relaciones con Venezuela y de la importación de energía. También fue uno de los protagonistas de la expropiación de las acciones de la sociedad española Repsol en la empresa argentina YPF.

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