Renunció el vice presidente del Tribunal Supremo Electoral en Bolivia.

La renuncia de Antonio Costas, vicepresidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), ha dado aún más fuerza  a la oposición, que denuncia un escandoloso fraude durante el recuento electoral de Bolivia. El vocal considera todo el proceso desacreditado por culpa de la «desatinada decisión de la sala del TSE de suspender la publicación de los resultados del Sistema de Transmisión de Resultados Preliminares (TREP)».

Costas pone así el dedo en la llaga electoral revolucionaria. Tras la primera publicación el domingo por la noche del polémico TREP (conteo rápido sobre las actas), que adelantaba la necesidad de un desempate en las urnas entre Evo Morales y el candidato opositor Carlos Mesa, se produjo un «apagón» electoral que se prolongó durante 24 horas en medio del rechazo general. Todo un clásico en América Latina, donde estos hechos preceden siempre a un vuelco en los escrutinios con la consiguiente victoria de los candidatos oficialistas.

Dicho y hecho: la reaparición del TREP el lunes apostó por una victoria del líder indígena por más de 10%, con lo que no haría falta ir a segunda vuelta electoral. La lentitud del recuento oficial, que transcurridas más de 50 horas ha escrutado cerca del 96% de las actas, tampoco satisface a opositores y organismos internacionales. En la última actualización la diferencia entre ambos candidatos es de 9,36% de los votos, con Evo Morales en constante crecimiento y acercándose a los 10 puntos de ventaja, que le permitirían gobernar hasta 2025.

En búsqueda de una salida a la crisis, la OEA ha aceptado auditar todo el proceso electoral, incluyendo los cómputos y las cadenas de custodia, mientras que su resultado sea vinculante.

«Hagan auditoría, no tengo nada que ocultar. No necesitamos la ayuda de nadie», propuso previamente Evo Morales durante una reunión con diplomáticos establecidos en La Paz. De momento no se ha confirmado oficialmente que se aceptan las condiciones propuestas por Luis Almagro, secretario general de la OEA, cuya cercanía con el líder aymara es muy criticada en Bolivia. Almagro, bestia negra del chavismo en el continente, apostó sin embargo por el derecho de Morales a presentarse a una cuarta elección, pese al límite de dos impuesto por la Constitución y pese a que en el referéndum de 2016 los bolivianos no aceptaron los argumentos presidenciales.

«¡Democracia, sí; dictadura, no!», gritó Mesa al frente de la multitudinaria concentración en La Paz, donde los protestantes aguardaban conocer el resultado final del recuento. «Esta inmensa muchedumbre, esta extraordinaria comunidad, no de un partido político sino de la sociedad boliviana, le va a enseñar al dictador que somos capaces de confrontarle sin violencia, con un sentido puramente democrático», clamó el candidato de Comunidad Ciudadana.

Incertidumbre, tensión y mucha ira se mezclaron así en las distintas protestas que recorrieron el país en vísperas del inicio del paro cívico indefinido, programado al menos en Santa Cruz, Cochabamba y Potosí por los distintos cabildos ciudadanos. En la capital santacruceña se ha adelantado el paro a la noche, madrugada en España. La Policía ha empleado gases lacrimógenos para contener a los manifestantes, jóvenes en su mayoría.

La oposición denunció a pleno pulmón un «fraude escandaloso» y llamó a la desobediencia y la «acción democrática», tras desconocer los resultados provisionales de las elecciones generales del domingo

El supuesto triunfo electoral de Evo Morales de Evo Morales, que a esta hora no está confirmado oficialmente, ha provocado un auténtico terremoto en Bolivia, como si el país andino quisiera contagiarse también de la ola de protestas y violencia que recorre el subcontinente. La oposición denunció a pleno pulmón un «fraude escandaloso» y llamó a la desobediencia y la «acción democrática», tras desconocer los resultados provisionales de las elecciones generales del domingo.

El «apagón» electoral durante el recuento parece un déjà-vu de tantos otros ya vividos en el continente. Sin avisar y de forma tan sorprendente como enmudeció en la noche del domingo, el sistema oficial de conteo rápido resucitó 24 horas después para dar la gran sorpresa: Evo Morales (46,86%) superaría la barrera del 10% de diferencia frente al opositor Carlos Mesa (36,73%) cuando sólo falta un 5% por escrutar. Resultado cuestionado de inmediato, que otorgaría al líder indígena su cuarto mandato definitivo sin necesidad de ir a segunda vuelta.

Incendios de sedes electorales, protestas en las calles y altercados con seguidores del Movimiento Al Socialismo (MAS) se multiplicaron en varios departamentos. En Santa Cruz, la región más rica del país, se ha convocado un paro nacional para hoy. En Potosí los rebeldes quemaron las instalaciones del Tribunal Electoral local tras superar la barrera policial. En Pando invadieron las instalaciones y en Oruro destrozaron la sede local del MAS.

Los «hechos vandálicos» provocaron que el Tribunal Supremo Electoral suspendiera el recuento en cuatro de los nueve departamentos. «Con este fraude gigantesco pretenden robarnos el derecho a la segunda vuelta, donde las posibilidades de ganar son muy altas», aseguró a CNN el candidato opositor Carlos Mesa. «El gobierno, con su decisión de burlar de nuevo la voluntad del pueblo, es el único responsable de la violencia que amenaza a Bolivia», añadió en sus redes sociales el líder de Comunidad Ciudadana, quien mostró su solidaridad con Waldo Albarracín, rector universitario y miembro del Comité Nacional de Defensa de la Democracia, «brutalmente agredido por la violencia masista (en referencia al MAS, partido de Morales)».

La misión electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) se unió al estupor nacional al hacer público un comunicado muy duro, en el que manifiesta su «profunda preocupación y sorpresa por el cambio drástico y difícil de justificar en la tendencia de los resultados preliminares». Luis Almagro, secretario general de la OEA y bestia negra de Nicolás Maduro, mantiene en cambio una cercanía política con Evo Morales, incluso ha defendido su derecho a presentarse a las elecciones pese a caer derrotado en el referéndum de 2016.

«Esas cifras (las que obligaban a disputar el balotaje) coincidían con el único conteo rápido autorizado y con el ejercicio estadístico de la Misión», continuó la OEA, que catalogó las nuevas cifras de «cambio inexplicable de tendencia que modifica drásticamente el destino de la elección y genera pérdida de confianza en el proceso electoral». La Conferencia Episcopal se unió a las demandas y exigió que se respete la voluntad del pueblo.

Sin duda un giro casi «hitchcockiano», porque un día antes el balotaje se daba por seguro, ya que la diferencia entre ambos garantizaba que las urnas se reabrieran en diciembre.

El polémico TREP (Transmisión de Resultados Electorales Preliminares) es un conteo rápido que se realiza con todas la actas y que tras resucitar de repente volvió a silenciarse a los pocos minutos. En cambio, en el lentísimo escrutinio de las 33.000 actas electorales, que se encuentra al 65%, Mesa se mantenía por encima de Morales por un margen muy estrecho

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