Que se jodan los viejos, ¿no?…

La epidemia castiga a nuestros ancianos. Lo vemos a diario, en todo el mundo sucede lo mismo. Los viejos son los primeros en morir por esta pandemia. Sucede en nuestro País. Pero  la sociedad que los arrincona parecía dispuesta a convertirlos en el precio razonable del coronavirus. Lo manifestábamos como algo normal, viste, el coronavirus fue creado para matar a los viejos?.  Y se había instalado un criterio cínico y despiadado: no pasa nada, esta es una enfermedad de viejos y de abuelos.

Y una estadística han sido nuestros abuelos, nuestros viejos. Pensábamos que su mortalidad era la garantía de nuestra salvación. Al menos hasta que nos hemos percatado de la perversión discriminatoria. Mueren nuestros viejos en sus residencias. Y tenemos aislados a los abuelos en sus casas. Porque forman parte de la población sensible. Tiene gracia el adjetivo: sensible. Y no hemos hecho otra cosa que insensibilizarnos. Carne vieja y putrefacta. Que se jodan los viejos, ¿no?

La epidemia castiga a nuestros ancianos. Pero la sociedad que los arrincona parecía dispuesta a convertirlos en el precio razonable del coronavirus

Los viejos deberían ser nuestra clase senatorial, nuestra comunidad de sabios, pero los hemos arrinconado en lugares de alojamientos de viejos. En los lugares  de los humanos que molestan y nos recuerdan el final, la muerte y eso no lo queremos ver, nos negamos a aceptar la muerte. La muerte es cosa de viejos, viste?. Y los hemos alejado de la manada, como hacen los elefantes con los paquidermos que agonizan.

Un viejo tiene que dejar de ser un viejo para que lo toleremos. Hay viejos que se obstinan en ser siempre jóvenes. Berlusconi, el ex presidente italiano es un claro ejemplo. Pero estremece la escena de la película de Sorrentino en la que una jovencita  le objeta las razones para acostarse con él: «Es que usted huele a viejo», le manifiesta la joven.

Es este un  país de viejos, pero nos negamos a que los viejos estén a nuestro lado.  Sus únicos caminos de supervivencia, con excepción de los hogares que los cuidan y los quieren, consiste en convertirse en cobayas de la ciencia. O en hibernar en una residencia hasta que un virus ponga la corona sobre su lecho. En nuestro País esta pandemia,  que nos ha traído a la realidad en tantas cosas nos mostró como viven nuestros viejos. Viven? O diremos mejor como vegetan nuestro viejos. De verdad nadie conocía esta realidad? Ni ex gobernantes, ni ex oposición, hoy en el gobierno? Difícil creer ambas cosas.

A continuación el informe presentado por el Mides relacionado con los hogares de ancianos que hay en el País y como es el estado de atención que brindan.

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