Pudo más la presión, habrá nuevas elecciones en Bolivia.

La Organización de Estados Americanos (OEA) recomendó la repetición de la primera ronda de las elecciones celebradas en Bolivia el pasado 20 de octubre que dieron como ganador a Evo Morales, a quien la oposición acusa de fraude electoral.

En un comunicado, la organización asegura que el proceso electoral en el país andino debe «comenzar nuevamente», efectuándose «la primera ronda tan pronto existan nuevas condiciones que den nuevas garantías para su celebración, entre ellas, una nueva composición del órgano electoral».

En los cuatro elementos revisados (tecnología, cadena de custodia, integridad de las actas y proyecciones estadísticas) se encontraron irregularidades, que varían desde muy graves hasta indicativas. Esto lleva al equipo técnico auditor a cuestionar la integridad de los resultados de la elección del 20 de octubre pasado, dice el informe.

HABRÁ NUEVAS ELECCIONES EN BOLIVIA, LO ANUNCIÓ EVO MORALES.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, anunció este domingo la convocatoria de nuevas elecciones generales, tras el informe de la Organización de Estados Americanos (OEA) que recomienda la repetición de la primera ronda de los comicios celebrados el pasado 20 de octubre que le dieron como ganador.

Morales aseguró en una breve comparecencia que la nueva cita con las urnas se celebrará con un órgano electoral renovado, ente las denuncias de fraude en la primera vuelta de las que se acusa al actual.

BOLIVIA SIGUE MOVILIZADA A PESAR DEL NUEVO LLAMADO A ELECCIONES.

Contra las cuerdas. Evo Morales no ha conseguido apaciguar al país con la convocatoria de nuevas elecciones en Bolivia, inmersa en una espiral de incertidumbre y violencia provocada por el fraude electoral cometido durante el cómputo de las elecciones generales del 20 de octubre. La marcha atrás del líder indígena, quien durante tres semanas había reclamado a sus partidarios defender su «triunfo» en las calles, no ha frenado ni mucho menos el ímpetu de los líderes opositores ni tampoco las dudas de un país dividido.

A ellos se ha sumado Williams Kaliman, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, quien ayer sugirió al presidente que renuncie a su mandato, y Yuri Calderón, comandante general de la Policía, quien directamente pidió el cese de Morales.

Las fisuras en el seno oficialista han pasado a ser grietas de gran tamaño, acrecentadas con la dimisión de César Romero, ministro de Minería, que dio paso al cese de los titulares de el Hidrocarburos y Deportes. Un rosario de altos cargos entre los que también se incluyen el presidente del Congreso, la vicecanciller, el gobernador de Cochabamba, senadores y alcaldes.

El informe preliminar de la Organización de Estados Americanos (OEA), que confirma el «gigantesco fraude» denunciado por la oposición, pesa toneladas sobre la ancha espalda de Evo, un golpe demoledor para su presente y su futuro que incluso ya conlleva varias detenciones ordenadas por la Fiscalía General del Estado. Tres vocales de Santa Cruz fueron capturados por la Policía, que también allanó la vivienda de la poderosa María Eugenia Choque, presidenta del Tribunal Superior Electoral (TSE), situado en el centro del escándalo surgido en las urnas.

La respuesta de las Fuerzas Armadas, neutrales al principio y activas hoy en defensa del pueblo que protesta, y la rebelión de los policías constataron también la soledad de la poderosa revolución indígena en su empeño por eternizarse en el poder. El Ejército fue más allá al asegurar que reduciría a los grupos armados.

El tsunami político y social que de forma sorprendente se ha abatido sobre Bolivia ha torcido los planes oficialistas, dispuestos a mantener al líder aymará al frente del país hasta 2025. Empeñado Evo Morales en enrocarse al mejor estilo chavista y en denunciar ficticios golpes de estado, lo que finalmente ha reventado en sus narices es un fraude electoral que le debilita como nunca antes tras 14 años de presidencia monolítica.

El oficialismo no ha sabido medir el malestar que ya generó el referéndum de 2016, en el que el 51% de los bolivianos se pronunciaron en contra de facilitar una nueva reelección para Evo. El aliado de Venezuela y Cuba desoyó al pueblo y luego impuso su criterio a los tribunales más importantes del país.

El bombazo político se produjo bien temprano en La Paz, sacudida por la rebelión policial y la quema de sedes del Movimiento Al Socialismo (MAS) y casas de gobernadores, incluso de la hermana del presidente, en otras zonas del país. «He decidido renovar los vocales del TSE (Tribunal Supremo Electoral) y convocar a unas nuevas elecciones generales», comunicó el presidente a su país, a la vez que imploraba por acabar con la violencia en un llamado a la paz.

La respuesta de Carlos Mesa, candidato opositor, dejó claro desde el primer momento que el tsunami contra Evo no quiere amainar: «Los principales responsables de este fraude y de la convulsión social que ha causado varios muertos y centenares de heridos, Evo Morales y (el vicepresidente) Álvaro García Linera, están inhabilitado para presidir el nuevo acto electoral, además de que sería absolutamente inaceptable cualquier tipo de prórroga del mandato de estas autoridades».

«Evo ha fracturado el orden constitucional y debe renunciar. Así también los senadores, diputados y los miembros del Tribunal de Justicia y del Tribunal Constitucional», añadió Luis Fernando Camacho, líder del Comité Cívico Pro Santa Cruz, el principal motor de la protesta ciudadana. Camacho encabezó una marcha hasta la capital e incluso fue refugiado por la Policía en uno de sus cuarteles, con la intención de presentar a Morales una carta para que firme su renuncia.

El informe de la OEA da la razón sin paliativos a quienes denunciaron el «gigantesco fraude» desde el primer día. Las dos claves principales son las irregularidades «serias» halladas en el sistema de votación y la improbabilidad estadística de que Morales hubiera obtenido el margen necesario de 10 puntos de ventaja sobre el candidato de Comunidad Ciudadana. La OEA recomienda comenzar nuevamente desde la primera vuelta «tan pronto existan nuevas condiciones que den nuevas garantías para su celebración, entre ellas una nueva composición del órgano electoral».

Una bofetada contra los abusos revolucionarios, que intentaron copiar sin éxito final la fórmula empleada por Nicolás Maduro  en Venezuela en las presidenciales de 2013. «Las manipulaciones al sistema informático son de tal magnitud que el estado boliviano debe investigarlas profundamente para llegar al fondo y asignar responsabilidades en este caso grave», prosiguió el informe de la OEA, apoyado por su secretario general, Luis Almagro.

Hasta 14 observaciones sobre el cómputo oficial han derribado el muro revolucionario tras 20 días de protestas, durante las cuales murieron tres opositores tras ser atacados por grupos oficialistas de choque.

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