Los consumidores uruguayos ven muy mal las perspectivas a corto plazo, pero una mejora en el largo plazo.

Tras la crisis sanitaria, la confianza del consumidor y la predisposición a la compra de bienes durables (vehículos, electrodomésticos y otros bienes de peso) registró la mayor caída desde su primera medición en Uruguay, según la encuesta de la Cátedra SURA de la Universidad Católica con Equipos Consultores.
El día de hoy fue publicada la encuesta del índice de confianza del consumidor (ICC), mostrando la mayor caída desde la primer medición. La confianza del consumidor fue una de ellas con la baja más grande desde que se mide, bajando a 41 puntos en el mes de marzo.
El ICC o confianza del consumidor mide concretamente el grado de optimismo que sienten los uruguayos sobre el estado general de la economía y sobre su situación financiera personal. En ese sentido, la predisposición a la compra de bienes durables mostró la mayor caída mensual desde que se mide, bajando 24 puntos, para ubicarse por debajo de 10 puntos sobre 100.
El optimismo de los consumidores, en el marco de esta baja en la confianza, se mantiene para la situación económica de el país y en particular en el horizonte más largo, a 3 años. Alejandro Cavallo, director de economía de Equipos Consultores, afirmó que “de aquí a tres años los uruguayos no tienen duda de que el país va a estar mejor, pero de aquí a 1 año las opiniones están divididas”.
En cuanto al mercado laboral el estudio mostró una fuerte suba de las expectativas de desempleo que alcanzó el máximo de la serie y que normalmente adelanta la evolución de la tasa de desempleo. En esta línea, las expectativas de ingresos de las familias han bajado al mínimo desde la primera medición en 2007 lo que sugiere afectación del empleo.
Cavallo explicó que puede interpretarse que los consumidores asumen que la crisis es diferente a la del 2002. Si bien no hay mediciones sistemáticas de confianza del consumidor anteriores a 2007, puede estimarse que los mínimos para ese indicador se habrían registrado luego de la crisis del 2002 “alcanzando entre 20 y 30 puntos”, afirma,
por lo que se está lejos de dicha situación. Sin embargo, el economista mencionó una similitud con la crisis del 2002 en lo que refiere a la predisposición a la compra de bienes durables (vehículos, electrodomésticos, etc.), dado que “es posible que dicho indicador esté hoy en niveles similares, lo que marca una perspectiva extremadamente negativa para esos mercados en particular”.
Las mediciones de confianza y expectativas de marzo reflejan los efectos de la pandemia, en algunos casos, “con los peores registros de los últimos 12 años”, afirma el economista.
Y agregó, “que esta medición muestra que los consumidores, por un lado, ven mal o muy mal los indicadores a corto plazo, pero tienen expectativas moderadamente positivas en un horizonte algo más largo”, lo que sería consistente con “una caída fuerte pero también una recuperación relativamente rápida de la economía”.

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