Lo de Bolivia es un golpe de Estado?

Tras la renuncia de Evo Morales a la presidencia de Bolivia, este domingo, cuatro expertos de Agenda Pública explican  si la «invitación» de las fuerzas armadas al mandatario para que abandonase el poder puede calificarse de golpe de Estado. Dos de ellos lo consideran tal, mientras el resto de los especialistas matizan: aunque se dan elementos inherentes a un golpe, se trata de una coyuntura especial, marcada por el restablecimiento de un orden previamente vulnerado.

Andrés Malamud, investigador principal del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa.

Un golpe de Estado es la interrupción inconstitucional de un jefe de Gobierno por parte de otro agente estatal. En el reciente caso de Bolivia, los tres elementos están presentes: el mandato del presidente fue interrumpido, el procedimiento fue inconstitucional (no hubo destitución parlamentaria sino renuncia forzada por una “sugerencia”) y  las fuerzas armadas fueron las que definieron el desenlace. Un golpe de Estado no necesariamente deriva en un cambio de régimen. No todos los golpes tienen la misma ideología: los hay de izquierda y de derecha. Las interpretaciones tampoco son homogéneas: hay golpes universalmente repudiados, como el de Augusto Pinochet en 1973, y otros universalmente celebrados, como la llamada Revolución de los Claveles que puso fin al autoritarismo en Portugal. La intensidad de la violencia y el tipo de régimen que lo sucede determina cómo será recordado un golpe. En el caso boliviano, solo la administración incruenta de la protesta callejera y la restauración urgente de la democracia disiparán los temores de que América Latina esté regresando a sus tiempos más oscuros.

Cecilia Salazar, directora del posgrado en Ciencias del Desarrollo de la Universidad Mayor de San Andrés (Bolivia)

No fue golpe. Desde el día 20 de octubre, el pueblo boliviano quedó inmerso en la incertidumbre debido al curso tomado por el proceso electoral. Gran parte de esa incertidumbre es atribuible a la sistemática acción del Gobierno por controlar las instituciones, afectando al Tribunal Supremo Electoral (TSE). Ante las evidencias de fraude, la población se movilizó pacíficamente desde el 21 de octubre, con el riesgo de arrastrar a grupos conservadores con pretensiones de convertirse en protagonistas del movimiento ciudadano. El domingo 10, la Organización de Estados Americanos (OEA), convocada por el Gobierno a auditar las elecciones, dio su informe señalando irregularidades en las elecciones. Se generó desorden, agravado por un motín policial que fue visto por la población no solo como una tregua en los enfrentamientos, sino como una expresión de solidaridad con la demanda por el respeto al voto. En ningún caso eso puede llamarse golpe de Estado. En este momento, grupos organizados del MAS (Movimiento al Socialismo, presidido por Evo Morales)  asedian varias poblaciones, especialmente la ciudad de La Paz, incluyendo sus zonas populares. La pretensión es mostrar al mundo que Bolivia está dividida y que Morales, después de renunciar públicamente como presidente, retome el poder, para pacificar al país.

Fernando Mayorga, director del Centro de Estudios Superiores Universitarios de la Universidad Mayor de San Simón (Bolivia)

Evo Morales renunció a la presidencia. No fue derrocado. Esa diferencia hace suponer que no es un “golpe de Estado” sino una victoria de “la libertad contra la tiranía”, un eficaz relato que acompañó la movilización de sectores urbanos. Es un “golpe de Estado” en proceso. No fue judicial ni constitucional, sino resultado de una movilización social y una acción opositora conspirativa que fue minando al Gobierno del MAS. A la protesta que paralizó varias ciudades se sumó un motín policial que derivó en un apoyo oficial al pedido de renuncia de Evo Morales esgrimido por la oposición. Enseguida, las fuerzas armadas, que no deliberan por norma constitucional, «recomendaron» a Evo Morales que renunciara».  A la defección de las entidades estatales encargadas del orden y la seguridad siguió el despliegue de un plan para provocar la renuncia de ministros y parlamentarios del MAS con ataques a sus viviendas, toma como rehenes y amenazas de muerte. Por eso Evo Morales señaló que renunciaba para resguardar la vida y seguridad de sus seguidores. Paralelamente, el cabecilla de la protesta anunció la instalación de un “Gobierno transitorio” y anunció juicio de responsabilidades a Evo Morales por “justicia divina”. Él mismo anunció, en un tuit, que había una “orden de aprensión (sic) para Evo Morales”. Es un dirigente cívico que da instrucciones a la Policía y fuerzas armadas. ¿Quién dijo que no es golpe?

Margarita López Maya, doctora en Ciencias Sociales por la Universidad Central de Venezuela

La crisis política venía encubándose desde que Evo Morales optó por una cuarta reelección, contradiciendo la Constitución boliviana. Lo hizo desobedeciendo los resultados del referendo de 2016, cuando el pueblo soberano rechazó modificar la Constitución. La decisión del Tribunal Electoral de permitirle su postulación como candidato, empeoró la situación. El conteo suspendido por horas la noche de las elecciones y los informes de instancias internacionales constatando múltiples irregularidades, proyectaron la imagen de que el régimen se encaminaba hacia un autoritarismo.

Un golpe de Estado implica una intervención usualmente militar, para deponer a una autoridad electa. El 10 de noviembre, la institución militar boliviana entró a controlar lo que pareció la caída de la república en el caos, apoyando a quienes exigían una vuelta a la institucionalidad democrática. Algo de golpe y de insurrección popular hay. Recuerda el 23 de enero de 1958 en Venezuela, cuando acciones militares favorecieron la instauración de la democracia. Aquí se trataría de la continuación de la democracia. La conducta de Morales, manipulando instituciones con las ventajas del poder, es tendencia reciente de liderazgos que se creen que encarnan la voluntad popular y que por tanto no tienen que seguir las normas de los simples ciudadanos.

BOLSONARO DIJO, CUANDO LA IZQUIERDA PIERDE SIEMPRE ES GOLPE.

El presidente de Brasil Jair Bolsonaro, en entrevista con Globo, señaló que “la palabra golpe se usa mucho cuando pierde la izquierda”.

Comentó que “cuando ganan, es todo legítimo, pero cuando pierden, es un golpe” y agregó: “no entraré en su narrativa allí. La izquierda dirá que hubo un golpe ahora”.

Indicó que “no es bueno que ocurra este tipo de movimiento. Sé que fue contra la izquierda, pero no lo queremos contra la izquierda o la derecha. Queremos que, más allá, haya dudas, ir allí y contar, abrir la urna allí, el voto impreso y contar”.

Siguió afirmando que “solo comentaré lo que llevó a la renuncia de Evo Morales: una señal de que aquí en Brasil necesitamos un sistema de votación seguro. El que tenemos no sirve de nada. Esto es lo que lleva a este tipo de problema”.

EVO MORALES SE ASILARÁ EN MEXICO.

El vacío de poder amenaza a Bolivia, como quedó demostrado durante la noche de caos y disturbios que siguieron a la dimisión de Evo Morales.  El líder indígena ha decidido atrincherarse en su feudo cocalero en el Trópico de Cochabamba, el departamento donde precisamente el pasado viernes surgió la chispa de la rebelión policial que ha acabado con 13 años y nueve meses de revolución.

La renuncia del comandante Yuri Calderón, jefe de la policía, se ha sumado a un largo rosario de abandonos en las filas oficialistas, lo que no significa, ni mucho menos, que el líder aymara haya dado su brazo a torcer. «Carlos Mesa [candidato presidencial de Comunidad Ciudadana, el primero en denunciar el fraude] y Luis Fernando Camacho [presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, principal motor de las protestas callejeras], discriminadores y conspiradores, pasarán a la Historia como racistas y golpistas. Que asuman su responsabilidad de pacificar el país y garanticen la estabilidad y la convivencia pacífica de nuestro pueblo. El mundo y bolivianos patriotas repudian el golpe», exhortó Morales desde su «exilio» interno.

No le falta razón (revolucionaria) al gran aliado regional del chavismo para manifestar que cuenta con apoyos, y muchos. Pero la realidad es que el Ejército no ha tomado el poder en el país andino, que no encuentra ahora mismo quién le dirija. La sucesión de acontecimientos en sólo tres semanas conforman ya un hito político en América Latina: tras el fraude llegó la protesta ciudadana, con bloqueos y paros y sin partidos políticos amparándolas. Las demandas de la gente activaron el motín policial y la confirmación del fraude provocó la renuncia de importantes factores políticos gubernamentales.

El último eslabón de la cadena, los militares, se unieron a los demás después de que declarasen en primera instancia su neutralidad, que sólo duró unas horas ante el ataque salvaje que oficialistas infligieron a la caravana de estudiantes y mineros que querían llegar hasta La Paz para pedir la salida de Morales. Las tres victimas mortales  de las tres semanas que han cambiado Bolivia se produjeron en circunstancias parecidas, durante ataques de seguidores de Evo.

ABORDAR LA INCERTIDUMBRE

La incertidumbre sólo puede ser encauzada a través de la convocatoria a pleno de la Asamblea Legislativa Plurinacional, que debería nombrar como presidenta provisional a la senadora opositora Jeanine Añez, segunda vicepresidenta de la Cámara. Así lo mantiene la línea sucesora tras la cascada de dimisiones, empezando por la de Morales y siguiendo por la de su mano derecha, el vicepresidente Álvaro García Linera. A ellos les siguieron la presidenta del Senado, Adriana Salvatierra; el senador Rubén Medinaceli y Víctor Borda, presidente de la Cámara de Diputados. La señalada es una parlamentaria del partido Unión Demócrata, poco conocida en el ámbito nacional, que ayer pudo acceder al hemiciclo. Desde allí, llamó a la calma y convocó al resto de parlamentarios hoy para una sesión que puede hacer historia. Su objetivo es que las elecciones se celebran antes del 22 de enero, fecha en la que empieza la nueva legislatura.

«La única posibilidad de construir una sucesión democrática, para que el mundo no nos acuse de golpe de Estado, es que la Asamblea tenga quórum», enfatizó Mesa, quien reclamó a la policía que recupere el control de las calles y permita que los diputados del Movimiento Al Socialismo (MAS) accedan a la Cámara para llevar adelante la sesión.

Camacho, convertido en héroe nacional para una parte del país, también pidió a sus seguidores en las calles que mantengan la presión al menos durante 48 horas, para que se convoquen unas elecciones en 60 días.

En parecidos términos se manifestó la Iglesia Católica, quien descartó sin cortapisas que el país haya sufrido un golpe de Estado, pero que a la vez hizo un llamado claro al cese de la violencia y a la búsqueda inmediata de una salida constitucional y pacífica.

«El llamado a elecciones es necesario», subrayó Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) cuyo informe preliminar sobre el fraude del 20 de octubre arrinconó a Evo Morales en la mañana del domingo. La jugada política del líder indígena, convocar a una elecciones en las que él mismo sería candidato, fracasó tras la deserción de ministros, gobernadores y otros dirigentes oficialistas. El golpe de gracia lo ejecutó el alto mando militar, al «sugerir» públicamente que no quedaba otra vía que la renuncia presidencial.

Destrozos y saqueos en la casa de Evo Morales, en Cochabamba.

INCIDENTES Y ASALTOS VANDÁLICOS

El desenlace llegó a toda velocidad tras el pronunciamiento militar,  que no han tomado el poder como denuncian dentro y fuera del país. Morales no había aceptado las ofertas de asilo en México y Venezuela has ta este lunes por la tarde y por eso decidió volar a su feudo andino, dejando atrás un país sumido en el caos. Pero finalmente Evo ha dicho «sí» a la propuesta de México. «Les informo que hace unos momentos recibí una llamada del presidente Evo Morales mediante la cual ha respondido a nuestra invitación y solicitó verbal y formalmente el asilo en nuestro país», informó el secretario mexicano de Relaciones Exteriores en una comparecencia urgente desde la Ciudad de México.

Ebrard expresó que México «ha decidido conceder asilo por razones humanitarias» a Morales «en virtud de la urgencia que afronta en Bolivia donde su vida e integridad corren peligro».

Al menos 64 autobuses ardieron en La Paz en un ataque de furiosos seguidores oficialistas, tal y como denunció el alcalde Luis Revilla. Otros incidentes se repitieron por el país, incluido el asalto a una vivienda de Morales, donde un grupo de vándalos repitió la misma liturgia realizada en la toma de los palacios de Huseín, pero de forma mucho más modesta.

Los enfrentamientos no cesaron tras el cese, al revés. La ola de violencia se agudizó con la quema de domicilios, ataques a medios de comunicación y empresas públicas de uno y otro lado. Hasta algunos que celebraban fueron agredidos por quienes gritaban contra el supuesto golpe de Estado.

«Estamos ante una crisis política en la que es importante evitar que los sectores extremistas se apoderen de la transición y prevalezca el revanchismo», advirtió el politólogo Daniel Zovatto. Muchas son las incógnitas abiertas y poco el tiempo para darles respuesta, desde si finalmente asumirá provisionalmente la política opositora hasta cuál será la composición del nuevo Tribunal Superior Electoral (TSE), a sabiendas de que varios de sus vocales permanecen detenidos y están siendo interrogados por orden de la Fiscalía.

El papel de Evo y quién será su sustituto como candidato en sus filas es tan trascendental como saber si la oposición repetirá con Mesa como principal candidato o si Camacho se lanzará en un nuevo duelo fratricida, tan habitual en las oposiciones de las distintas revoluciones. «La ruta es clara: cese inmediato de toda violencia, respeto al estado de Derecho y elecciones libres y justas con observación internacional», sentenció el politólogo Armando Chaguaceda.

Informes, O Globo, El País, El Mundo.

 

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