La Organización Mundial de Comercio alerta sobre medidas proteccionistas que imponen algunos países.

La crisis del coronavirus  está cambiando muchas cosas. También las reglas del comercio mundial. La OMC acaba de advertir que, desde que desató la pandemia, 80 países y territorios aduaneros han introducido prohibiciones o restricciones a la exportación de productos.

Según la Organización Mundial de Comercio (OMC), las nuevas restricciones cubren principalmente suministros médicos,   como mascarillas, productos farmacéuticos, ventiladores y otros equipos de seguridad. Pero también sostiene el informe, ,  los controles a la exportación se han extendido a otros productos como alimentos y papel higiénico.

Las consecuencias de esta estrategia, según la OMC, son muy negativas. Y, en concreto, señala que dada la naturaleza global de la pandemia si algunos países no pueden combatir la enfermedad por no disponer de suficiente material sanitario, el coronavirus inevitablemente circulará  por el planeta, con lo que contagiará a las poblaciones de todos los países, incluidos aquellos que impusieron restricciones a la exportación para proteger a sus nacionales. Esas acciones contravienen los compromisos acordados sobre libre comercio, pero, como destaca la OMC, únicamente 13 países miembros (o 39 si se cuentan individualmente y no por bloques comerciales) han presentado información sobre estas nuevas medidas en línea con las reglas de la OMC para restricciones cuantitativas.

La organización que vela por el buen funcionamiento del comercio mundial reconoce que las prohibiciones y restricciones a la exportación aplicadas por los grandes exportadores pueden a corto plazo reducir los precios internos de los productos más directamente afectados  por la pandemia, ya que aumenta su disponibilidad en los propios territorios. Pero esa estrategia, asegura, “no es gratuita”.

Incentivo al contrabando

Esto es así porque las medidas reducen el suministro mundial de los productos en cuestión y los países importadores sin la capacidad de fabricar estos productos “sufren”. Igualmente, los exportadores también corren el riesgo de perder a largo plazo. Por un lado, los precios nacionales más bajos reducen el incentivo para producir el bien en cuestión a nivel nacional, mientras que, en paralelo, el precio extranjero más alto crea un incentivo para sacarlo del país de contrabando, lo que puede reducir la disponibilidad interna del producto.

La OMC recuerda que la última declaración del G-20 puso el acento en que las “medidas de emergencia” diseñadas por los gobiernos para hacer frente al covid-19 deben ser “proporcionadas, transparentes y temporales”, lo que significa no crear barreras innecesarias al comercio o la interrupción de las cadenas globales de valor, además de ser coherentes con las normas de la OMC.

La organización no hace referencia a lo que sucedió tras el ‘crash’ de Wall Street en 1929, cuando muchos países introdujeron fuertes restricciones al comercio mundial que, al final, hicieron más intensa la recesión. Sin embargo, sí hace mención a lo que sucedió entre 2007 y 2012, cuando el mundo experimentó un endurecimiento del mercado mundial de alimentos.

Según un análisis que se hizo en su día, durante ese periodo se introdujeron 251 medidas restrictivas de la exportación, lo que se tradujo en una subida de precios.

Entonces, solo se presentaron ocho notificaciones de conformidad con el artículo 12 del Acuerdo sobre la Agricultura. Y lo que es muy significativo, según ese informe, 88 de esas medidas restrictivas de la exportación permanecieron vigentes después del año 2012. Es decir, cuando el mercado mundial de alimentos ya no se enfrentaba una situación crítica de escasez. Por lo tanto, lo que se consideró temporal acabó siendo permanente.

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