LA LECCIÓN DE QUÍMICA.-

De «Nuevos cuentos de pueblo».-

La materia era resignadamente asimilada en el liceo cuando, a mitad del año como clase práctica, se nos ponía a pelar naranjas para fermentar un vino de naranja en damajuanas que se destapaban al finalizar el curso. Allí la alta graduación de alcohol obtenida por el licor aportaba al festejo colectivo de profesores, funcionarios y alumnos en los salones, corredores y patios. La afable y correcta profesora no debe haber imaginado que esa especial lección perduraría en el recuerdo de sus alumnos entre los cuales nosotros, amigos cercanos, sólo teníamos una experiencia alcohólica con grapamiel en “La Cueva” de Carlitos Vera las noches sabatinas.

En esa ocasión, la algarabía de charla, música y baile se cortó abruptamente al ver desplomarse en la pista a Omar Gutiérrez. Duro como una estaca, decidimos llevarlo a su casa acostado en la caja de la camioneta de Estévez. En esa improvisada ambulancia cubrimos la docena de cuadras hasta el Hospital que, administrado por su padre, era donde vivía, y guiados por la asustada madre lo depositamos ya medio dormido y mareado en su cama. Cumplida la acción solidaria volvimos raudamente en el vehículo para continuar la fiesta, sólo para encontrarnos al llegar, bailando saltando y riendo…al mismísimo Omar!

Concluimos que la única forma de anticiparnos desde el nosocomio ubicado al borde de la planta urbana tiene que haber sido atravesando predios privados, cercos, alambrados e incluso un montecito de eucaliptus, para salir a pocos metros del viejo Liceo. Nunca le preguntamos cómo hizo y seguimos creyendo que no lo sabía.

A la Dra.María Luisa Paoletti de Medina.

Arq. Luis Fabre.-

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