La ejecución del Brexit puede traer problemas a la Premier League.

El primer torneo de fútbol del mundo, la Premier League,  busca soluciones por la grave amenaza que supone la ejecución del Brexit.  El gran éxito de la competición, cuyos derechos de retransmisión son adquiridos por televisiones y plataformas de 189 países, se basa en la importación de talento y en un modelo de explotación propio de la industria del showbusiness. El problema es que un centenar de los 161 jugadores extranjeros que juegan en la Premier perderían su contrato de trabajo en las condiciones actuales, dadas las consecuencias del Brexit, que suprime la libre circulación de trabajadores, uno de los pilares de la Unión Europea (UE), y los duros requisitos de la competición para conceder contratos de trabajo a futbolistas hasta ahora no comunitarios.

Al contrario que en otros torneos, como la Liga española, en la Premier no existe un cupo de extranjeros para los clubes. Para garantizarse que la llegada de jugadores aportara realmente valor, acceden al contrato de trabajo los futbolistas que han garantizado un número de presencias en sus selecciones nacionales en los dos últimos años. Para las selecciones clasificadas entre las 10 primeras en el ranking que elabora la FIFA, deben haber jugado el 30% de los partidos con el equipo nacional. Para las que se encuentran entre el décimo y vigésimo puesto, el 45%. Los porcentajes crecen conforme desciende el nivel. Los españoles Ander Herrera y Mata, del Manchester United, Marcos Alonso y Pedrito (Chelsea) o Héctor Bellerín (Arsenal) son sólo algunos de los jugadores de élite que no cumplirían los requisitos actuales. En realidad, se calcula que únicamente unos 50 de los 161 lo harían. Si descendemos a la Championship, su Segunda División, el incumplimiento sería casi de la totalidad.

Bellerín eludió la cautela con la que se han expresado acerca del Brexit los futbolistas extranjeros, y en particular de Boris Johnson,  el premier que ha conseguido llevarlo a término. Antes de la elección en la que consiguió mayoría absoluta, el futbolista español pidió lo contrario en Twitter: «La gente joven tiene la posibilidad de cambiar el mundo. Hoy es el día para que los británicos influyan en su futuro y de los que viven allí«. Y añadió los contundentes hashtags: #FuckBoris y #GoVote. El resultado fue el contrario.

A corto plazo, una de las soluciones apuntadas por los especialistas en derecho deportivo es que se respete, al menos, el periodo de los contratos firmados, pero ello no garantiza el modelo actual para el futuro. Una flexibilización de las condiciones por parte del torneo no es sencilla, puesto que existe, asimismo, presión del colectivo de futbolistas ingleses, directamente beneficiados, y de los sectores más conservadores que apoyan un Brexit severo.

La estrategia de importar talento joven, clave para el crecimiento de clubes como el Arsenal, queda, por ahora, en suspenso. El camino por el que llegaron Cesc Fàbregas al club del East End londinense o Gerard Piqué al United está cerrado. La FIFA sólo permite el traspaso de jugadores entre 16 y 18 años en el Espacio Económico Europeo, el formado por los países de la UE, más Islandia, Liechtenstein y Noruega. No existe, hoy, ninguna hoja de ruta alternativa para que Reino Unido se integre en ésta u otra fórmula. Al contrario.

La pérdida de poder de la Premier como gran referencia internacional sería, asimismo, un inconveniente para las arcas de Reino Unido, como prueba el hecho de que la riqueza generada por la competición se sitúe por encima del 0,3% del PIB británico, con una aportación a las arcas públicas de unos 4.000 millones de euros anuales en impuestos, liquidados por jugadores, entrenadores y clubes.

En la última década, la Premier ha experimentado crecimientos por encima del 10% anual. En la temporada 2016/17 fue del 13%, con un volumen de operaciones de 7.600 millones de libras (8.696 millones de euros), según la consultora Ernst & Young. La cifra es anterior a la firma del mejor contrato televisivo de su historia, los 4.000 millones de libras (4.660 millones de euros) para el periodo que va desde 2019 a 2022. El torneo crea 12.000 puestos de trabajo directos al año, aunque los indirectos e inducidos llevan esa cifra al umbral de los 100.000. La pérdida de talento se traduciría, pues, en una pérdida de valor que repercutiría no sólo en los aficionados, sino en todos los ciudadanos británicos.

El Brexit no compromete únicamente la situación de los jugadores que juegan en Reino Unido, sino también la de los futbolistas británicos que lo hacen en las ligas europeas, como es el caso de Gareth Bale, delantero del Real Madrid, o Kieran Trippier, defensa del Atlético de Madrid, que dejarían de ser comunitarios. Consultada por este periódico, la Liga afirma que, por ahora, no existe un plan alternativo, aunque recuerda que ya se han dado fórmulas para asimilar la condición de jugadores de países ajenos a la UE, como era el caso de los comunitarios B. La medida, no obstante, generó gran conflictividad jurídica.

Las soluciones deben llegar con celeridad, aunque el Brexit arranca con el torneo en su ecuador, por lo que nada cambiará esta temporada. El curso futbolístico finalizará de forma paradójica, con la disputa de la final de una Eurocopa itinerante, que el europeísta Michel Platini concibió hace ocho años como «una Euro por Europa», en el templo del fútbol inglés, Wembley, bajo la presidencia del ejecutor del Brexit. El mundo, realmente, cambia más rápido que el fútbol.

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