El racconto numérico.

 

 

No me llama demasiado la atención el fútbol. No lo consumo en absoluto, excepto cuando juega la selección. Ahí si me convierto en un futbolero y apasionado más. Pero siendo realista desconozco bastante del tema. Eso sí: a veces relaciono dicho deporte con situaciones que son fácilmente comparables con otros contextos cotidianos. “Los números no mienten, los que mienten son los que hacen números” solía decir el Cr. José Pedro Damiani, vicepresidente del Banco de la República Oriental del Uruguay en la década del ´80. Frase célebre en el ambiente deportivo debido a la pasión futbolera de ese histórico referente y que además, pasión que lo llevó a ser Presidente del Club Atlético Peñarol. Pero sin ánimo alguno de tocar el lado deportivo, el fin de citar esas palabras es para dejar en claro que Damiani era ese tipo de persona que sabía manejar cifras y cuentas como un niño sabe comer un caramelo.

Es válido y justo decir por su parte que ese pensamiento expresado por el Cr. Damiani se lo escucha casi a diario en nuestro país, sin importar el motivo por el cual se exprese. A veces la gente lo trae a colación por un hecho deportivo, otras veces en charlas cotidianas y la mayoría de las veces la gente lo recuerda cuando se trata sobre la economía del país. ¡Vaya tema! Porque calcada la frase del Cr. Damiani, no solo hablamos de números sino que nos referimos a los arquitectos matemáticos -muy de moda actualmente dicho sea de paso- en el ambiente gubernamental. De moda porque Danilo Astori es un nombre que suena todos los días en algún informativo. Mario Bergara no queda atrás. ¡El ministro Bonomi ni que hablar! Para hablar de inseguridad y números, Bonomi sabe calcularlos y muy bien. Mágicos, pero números al fin.

Resulta que durante 15 años, el Frente Amplio se ha jactado de ser nuestro salvador. Siempre dijeron lo mismo: “hemos logrado una redistribución de la riqueza jamás vista en este país”. Cada cifra que han expresado ha sido siempre remarcada por ellos mismos como “mágica”. Las palabras “cifras excelentes e históricas” han sido un estandarte del partido de gobierno. Pero también es verdad que hicieron uso y abuso de poder cada vez que los calcularon. Y cuando la coyuntura internacional era más que favorable, el Frente Amplio se frotaba el pecho diciendo que las condiciones económicas que veíamos a nivel nacional era gracias a las grandes gestiones y administraciones que ellos habían realizado. Creyeron incluso que eran tan mágicos esos numeritos, que cada vez que presentaban las rendiciones de cuentas en el Palacio Legislativo y estudiaban los presupuestos, asumían crecimientos de 3% y 4% para el año siguiente. Con esa base sin lógica y extremadamente arriesgada, prometían planes sociales, aumentos salariales extraordinarios, inventaban impuestos para recaudar más porque al país –según sus propias palabras- le iba bárbaro. Pero pareciera que se quedaron en el tiempo. Demasiado. Hoy los números que dicen, aseguran o manejan son, para quien vive en Uruguay, casi una utopía absoluta.

Existen realidades y se debe decir las cosas como son. Ellos agarraron un país no solo saneado por el Dr. Jorge Batlle luego de la peor crisis de la historia uruguaya, sino que agarraron un Uruguay en pleno crecimiento. Cuando el actual presidente Tabaré Vázquez asumió su primer gobierno en marzo del año 2005, el Ministerio de Economía y Finanzas declaraba verdades y realidades: un dólar a $27, un desempleo ubicado en 9.7%, una inflación media de 8%, una deuda externa de 14 mil millones de dólares y un Producto Bruto Interno en 37 mil millones de dólares. Si bien las cifras ya eran buenas, no era un tema de la “foto del momento”, sino del tren en el que Uruguay marchaba. Un tren que tenía tratados realizados por el gobierno de Batlle con, por ejemplo, negocios y licitaciones claras, transparentes y serias. Había una deuda total externa a corto plazo y un superávit fiscal de 1.8% (hoy tenemos un déficit de 4.5% en crecimiento). En fin, una serie de cosas que eran prometedoras y que solo había que saber administrarlas, gestionarlas y trabajarlas con el paso del tiempo para seguir asegurando el futuro del país.

No olvidemos tampoco que a partir del año 2006, Uruguay comenzó a exportar commodities a precios excelentes. Es decir, en ese momento ya se exportaba soja como nunca antes en nuestra región. China comenzaba a demandar de ese “novel” producto para Uruguay en grandes cantidades y el precio de la misma rozaba los 400 dólares por tonelada. Era algo impensado dado lo mal que había pasado nuestro país 4 años antes. Pero también era algo que el presidente Batlle, fiel a su estilo visionario, había sabido entender y negociar buscando la mejor oportunidad para Uruguay. En aquel entonces, la leche era un producto que valía bien y de hecho, se exportaba muy bien al igual que lo hacía la carne. Naturalmente la lana estaba estable, quizás de manera no tan prometedora, pero si era un buen commoditie para exportación. Sin embargo, la estrella de oro era la soja que tanto Jorge Batlle remarcaba y buscaba negociar durante su último año de mandato. Así que las tierras comenzaron a valer disparates. Campos que antes la hectárea no superaba los 1500 dólares de repente pasó a costar 3000, 4000 y hasta 10000 dólares. Absolutamente insospechado para un país que hacía 60 años que luchaba contra viento y que de repente tuvo la oportunidad que estaba teniendo en materia económica.

A partir del año 2007 con esa palpable realidad internacional y que se sentía en lo nacional, el Frente Amplio comenzó su “arte”. Impusieron el PANES con la excusa de ayudar a aquellos “afectados por la crisis del 2002” (ilógico después de 4 años de condiciones favorables para el país), crearon el MIDES, inventaron varias zonas francas y metieron aumentos salariales por doquier. Muchas veces incluso hicieron estas cosas sin argumentación de financiamiento. En criollo: de donde se iba a sacar el dinero no importaba porque el mismo llovía de todos lados. Así pues siguieron jugando y maquillando números. Soltaron presos para bajar la superpoblación en las cárceles, inventaron el FONASA (hoy con enorme déficit millonario), cambiaron las reglas de juego en la seguridad social y tocaron todo lo que podían tocar en cuanto a la educación. En ese momento nació la ya tradicional promesa del 6% del PBI para la educación ¿recuerda? Ahí ellos se dieron cuenta de algo: con mayoría Parlamentaria nadie ni nada podía frenarlos. Así que con esas reglas y a medida que se iba terminando el primer gobierno frenteamplista, el apuro para “comprar votos” a través de planes y demás fue acrecentándose.

Cuando asume el ex presidente José Mújica Cordano, el Frente Amplio estaba en pleno auge y la gente no miraba la realidad política sino económica. Aún cuando muchos uruguayos estaban sin comprender que el Frente Amplio nada tenía que ver con esa gran época. La soja seguía valiendo disparates (entre 400 y 550 dólares). Los extranjeros morían por invertir en Uruguay. Los campos, las zonas francas, el comercio en general, las industrias eran grandes promesas. ¡Claro! Uruguay se había convertido en un país completamente “soja dependiente”. Al existir rindes de 2500 a 4000 kilos por hectárea a precios inimaginables, el campo era un inyector de dinero total y permanente. Los latifundistas comenzaron a autoproclamarse “chacreros” porque las grandes empresas extranjeras compraban cantidades de tierras impensadas, como por ejemplo decenas y hasta cientos de miles de hectáreas. La plata entraba de afuera a mansalva y Uruguay parecía la Cuba del ´50. Mújica se echaba para atrás, se reía, disfrutaba de su personaje  y mientras tanto, diagramaba como tirar esa hermosa manteca al techo. Astori, el genio matemático del Frente Amplio, estaba más que feliz. Todo lo que tenía que hacer era inventar aumentos de impuestos, inventar algún nuevo impuesto y por si fuera poco, mandar al ministro de economía del momento porque él en realidad, era vicepresidente de la República.

En ese contexto, el consumismo fue creciendo. Los bancos y financieras tiraban dinero por la cabeza a la gente. Un llamado de estos entes ofreciendo créditos era casi cotidiano para los uruguayos. Los autos comenzaron a venderse en cuotas, “cuotitas”, planes y “plancitos”. La maquinaria agrícola de cientos de miles de dólares no se pagaba en el momento, sino que la frase “con la próxima trilla te pago” era suficiente para adquirirlas. Mientras tanto, Raúl Sendic se dedicaba a jugar a ser empresario con plata del pueblo, a comprar avioncitos, a hacer fiestas para los amigotes de la región, a publicitar en radios inexistentes y tristemente, a casi quebrar ANCAP. Mujica jugaba a ser héroe, salvando a PLUNA y cuando vio que no pudo utilizó una herramienta inventada por su partido: el FONDES. Con ello y tras su terrorífico accionar negociante, fundó ALAS U con la excusa de salvar puestos de trabajos. Por otra parte prometían una regasificadora, negocios multimillonarios con Venezuela, puertos de Aguas Profundas y una serie de maravillas nunca vistas hasta ese momento. Ni este tampoco.

La fiesta estaba hecha. Todos los amigos del gobierno ya estaban asegurados. Ni que hablar el Pato Celeste, Raúl Sendic, Marta Jara, Fabiana Goyeneche entre varios otros. Terminó una gestión pero con muchos escándalos de por medio y que habían sido causantes de un fortalecimiento de la oposición. Asustado el Frente Amplio, propone nuevamente a Tabaré Vázquez como candidato a presidente. Y logra ganar gracias al fresco recuerdo de la gente de su primer mandato. Pero a tan solo dos meses de haber asumido, él mismo declaró “la situación del país es peor de lo que imaginé”. Entre tanto, el ex presidente Jorge Batlle recorría todo el territorio nacional y en cada oportunidad aseguraba: “Mujica le puso una granada a la banda presidencial de Vázquez y se fue a sentar a la plaza para ver como ésta explota”. Nada más real que aquellas sabias y verdaderas palabras.

A tan sólo meses de una próxima elección en el año 2019, la situación del país no es para nada prometedora. Sin embargo, lo que la mayoría del gobierno expresa hace que todos los días se recuerden las palabras de Damiani. Apelando a la memoria por ejemplo, cuando el ministro Murro vino a Paysandú hace algunos meses ya, expresó en un medio de comunicación radial: “En Paysandú hay 3500 desempleados”. Por supuesto, algo absolutamente ilógico. Con eso en realidad Murro decía a los sanduceros que solamente había un 5% de desempleo en nuestro departamento y nos quería hacer creer que las cosas iban bárbaras. Pero no. Pili estaba cerrando con más de 130 empleados y todos los meses previos así como posteriores, otras empresas también lo habían hecho o iban camino a ese terrible final. Murro mentía descaradamente y todos lo sabíamos. Por eso siempre hay que recordar el viejo refrán: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”.

Vayamos al día de hoy en nuestro país. El valor de la “canasta básica familia tipo” (se conforma por un matrimonio y sus dos hijos) es de $83.630 a marzo de 2019. Según el gobierno, la inflación desde enero a marzo es de apenas un 3% y según dicen, el desempleo es apenas del 8.4% a nivel nacional. Como si esto fuera poco, tenemos un dólar que hoy se sitúa en los $35. “Histórico” sí. Pero para mal, dado que es un nuevo récord desde que se formó el nuevo peso uruguayo en 1993. El gobierno por su parte dice que en Uruguay apenas hay un 5.3% de hogares bajo la línea de pobreza y asegura fervientemente que la pobreza general es apenas de un 8% en todo el país. Pero como para terminar de completarla, el gobierno dice que no existe ninguna crisis. Empero, cuando uno mira que el país está endeudado hasta el año 2065 con una imponente cifra de casi 40 mil millones de dólares, equivalente a más del 64% del Producto Bruto Interno; cuando mira que muchas empresas cierran y casi a diario, que los extranjeros se van asustados, que producir es casi imposible con los impuestos, que los comercios reclaman todos los días, que la gente no consigue trabajo y que en todas las ciudades del país vemos muchas personas comiendo de las volquetas, estamos en justo derecho de decir: “Los números no mienten, los que mienten son los que hacen números”. Por cierto y basados en el dato de la canasta básica familiar tipo, le pregunto a usted querido lector: ¿cuántos matrimonios uruguayos ganan $80 mil pesos mensuales para cubrir las necesidades básicas? Si no sabe la respuesta, le tengo que decir que yo tampoco, pero dudo que sean demasiados cuando el sueldo mínimo nacional es de $15.000 y la jubilación mínima $10.550.   

Miguel A. Baccaro

Lista 22000 – Batllistas

Partido Colorado

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