Campaña contra el plástico; una persona ingiere por semana, sin saberlo, el equivalente a una tarjeta de crédito.

Los comerciantes que no entreguen bolsas biodegradables o no las vendan podrían ser multados con unos 10.000 pesos. Este lunes entró en vigencia la legislación que obliga a cobrar las bolsas para reducir el uso de plástico. La Dirección Nacional de Medioambiente realiza una campaña de información de los beneficios que supone la iniciativa, aunque su director Alejandro Nario informó que desde el organismo se advierte gran aceptación por parte de la población.

Por otra parte, hubo denuncias de faltantes de bolsas biodegradables y compostables en algunos comercios, esto principalmente en la capital del País, sin embargo en nuestra ciudad vemos que se siguen entregando y cobrando bolsas de plástico comunes en algunos comercios.. Desde Cambadu manifestaron  que cuentan con stock suficiente para cumplir con todos sus asociados y que tienen capacidad para incrementar la oferta en caso de ser necesario.

Sin embargo, el presidente de la organización que reúne a los almaceneros minoristas y baristas a nivel nacional, el Sr.  Daniel Fernández, confirmó que la industria no dio abasto para producir la cantidad suficiente y que algunos comercios se quedaron sin stock.

El presidente de Cambadu hizo un balance positivo de la ley que entró en vigencia el 1 de junio y manifestó interés para que esta iniciativa se amplíe a otros embalajes. Las bandejas de telgopor, el papel film, los vasos descartables y las pajitas se tendrán que ir sacando del mercado, dijo.

Cuanto consumimos de plástico los seres humanos?  En tal sentido tomamos conocimiento de un estudio efectuado por una universidad australiana denominado,  Evaluación de la ingestión humana de plásticos presentes en la naturaleza, publicado en español la semana pasada por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), comienza con un golpe en la mandíbula: “Un nuevo estudio de la Universidad de Newcastle, Australia, indica que en promedio una persona ingiere semanalmente unos cinco gramos de plástico presentes en el agua, en el aire y en los alimentos”. Como tal vez no todos nos hagamos una idea de qué implican esos cinco gramos que van a parar a nuestro estómago cada semana, los redactores del informe lo grafican para que no quepan dudas: “Esa cantidad equivale a los microplásticos que contiene una tarjeta de crédito”. El ejemplo, además de claro, apunta –uno calcula que intencionadamente– al mundo del consumista en el que vivimos: si no cambiamos nuestros hábitos de consumo y productivos pronto, no sólo viviremos rodeados de nuestros desperdicios, sino que, además, comenzarán a acumularse también, cada vez más, dentro de nosotros.

Plásticos por todas partes

La información aportada en el contexto del informe es tan alarmante como tristemente obvia: “Desde 2000, el mundo ha manufacturado tanto plástico como el que se produjo en la suma de todos los años anteriores” señala el trabajo, que advierte que de todo ese plástico generado “una tercera parte se vierte en la naturaleza”. El informe también pone una cifra a lo que cualquiera puede constatar al caminar cerca de un contenedor desbordado o al mirar la reseca en la playa: la mayoría de los plásticos se utilizan en materiales desechables, por lo que “más de 75% de todo ese material producido hoy se convierte en desechos”.

¿Qué hacemos ante esta realidad? Poco, y no de la mejor manera. En palabras del informe, “buena parte de estos residuos plásticos se maneja mal”, “resultado directo de una infraestructura subdesarrollada para el tratamiento de residuos” que tiene como consecuencia que haya plásticos “no recolectados, vertidos a cielo abierto, acumulados en basureros o en rellenos sanitarios no controlados”. De todos esos plásticos mal gestionados se informa que 87% se vierte en la naturaleza, y para dar una magnitud del problema sostienen que, de seguir como hasta ahora, para 2025 “los océanos tendrán una tonelada métrica de plástico por cada tres toneladas métricas de peces”.

Parte de ese plástico que va a parar a la naturaleza es visible; es el caso de las tapitas de los envases –a esta altura, residentes permanentes de gran parte de nuestras playas– o las bolsas, pero hay otros que pasan inadvertidos y que se conocen como “microplásticos”. Miden menos de cinco milímetros y son plásticos que se liberan tanto “directamente en el ambiente, como pequeñas partículas”, como por ejemplo microesferas en los geles de ducha, abrasión de las llantas o los que se desprenden de nuestra ropa cuando la lavamos, como por la “degradación de plásticos más grandes”, como sucede con las bolsas plásticas degradadas y otros materiales. El asunto, señala el informe, es que “los microplásticos están contaminando el aire que respiramos, los alimentos que ingerimos y el agua que tomamos”. No hace falta pensar en tortugas varadas con sus intestinos obstruidos por plásticos ni en animales que mueren atrapados en los desechos: también estamos complicando nuestra propia existencia (en caso de que amenazar a la de los otros seres vivos no se entendiera ya como una forma de complicarla).

Deja un comentario