Brasil descontrolado por efectos del coronavirus.

Brasil lleva un total de 8.609 muertos desde que fue alcanzado por la pandemia y es el sexto país con más víctimas fatales por el coronavirus Covid-19. Además, de acuerdo con las cifras contalibilizadas por la universidasd John Hopkins, suma 127.655 infectados.

No obstante, esa cifra podría ser todavía superior siendo que se conocieron incrementos muy fuertes respecto de las estadísticas normales de muertes por coronavirus Covid-19 ocurridas en domicilios, muchas de las cuales pudieron haberse debido a la pandemia pero el dato no quedó registrado a raíz de que ni siquiera intervino servicio de salud alguno.

Sin embargo, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, afirmó este jueves que «la libertad es más importante que la propia vida», al reclamar ante la Corte Suprema, junto con empresarios del sector productivo, la flexiblización de las cuarentenas en estados y ciudades contra el coronavirus y advertir sobre un colapso económico y social.

El reclamo de Jair Bolsonaro ocurre mientras Brasil se perfila para ser el epicentro mundial de coronavirus Covid-19, ya que es el líder en muertes y casos de América latina y ninguna política centralizada y alineada entre los poderes del Estado, como sí ocurre con los vecinos del Mercosur, la Argentina, Paraguay y Uruguay.

Se trató de un episodio que estaba fuera de la agenda, Jair Bolsonaro cruzó este jueves por la mañana desde la casa de gobierno al Supremo Tribunal Federal con unos 15 empresarios y el ministro de Economía, Paulo Guedes, para llevar su bandera de ponerle fin o flexibilizar la cuarentena por el coronavirus, justamente cuando varias ciudades inician el «lockdown», el bloqueo total ante el avance del Covid-19.

Jair Bolsonaro declaro frente al presidente del Supremo Tribunal Federal de Brasil, Antonio Dias Toffoli, que el país podría llegar a sufrir una crisis económica «como la de Venezuela» en caso de que no se escuche el «clamor de los empresarios» para flexiblizar las cuarentenas a causa del coronavirus, al exclamar que «la libertad es más importante que la propia vida».

Desde Manaos, en la Amazonía, hasta las aparentemente interminables ciudades de Sao Paulo y Río de Janeiro, las tumbas recién excavadas llevan semanas ocupándose rápidamente con los cuerpos de los brasileños que sucumbieron al COVID-19, la enfermedad causada por el coronavirus.

Desde el mes pasado, la pandemia golpea con tanta fuerza algunas ciudades que sus autoridades no estaban preparadas para verse desbordadas por los cadáveres, a pesar de que los gobiernos regionales impusieron medidas para frenar la propagación del virus.

Por su parte, el presidente del país, Jair Bolsonaro, criticó el cierre de los negocios como algo más perjudicial que el propio virus. La primera cuarentena no se decretó oficialmente hasta esta semana, cuando el número de fallecidos ya superaba los 7.000.

A medida que el conteo de víctimas mortales subía, fotógrafos y videoperiodistas de The Associated Press recorrieron el país más grande y poblado de Latinoamérica para capturar la agonía de los brasileños en cementerios, hospitales y en una prisión con un motín, además de en ceremonias religiosas y en el interior de sus casas llorando a sus familiares muertos.

Pasaron días recorriendo los estrechos callejones de las favelas brasileñas, donde más de 11 de los 211 millones de abitantes del país viven hacinados en unas condiciones que los expertos temen que pudieran empeorar por el coronavirus.

En una favela de Río, Leticia Machado, una manicurista de 31 años, y su esposo, que solo tiene empleos ocasionales, llevan sin trabajar desde el inicio de las restricciones en la ciudad. Dependen de la comida que les donan sus vecinos y un centro cultural cercano para alimentar a sus siete hijos.

Los hospitales de la ciudad están casi al máximo de su capacidad y sus trabajadores se quejan de que no tienen suficientes medicamentos básicos para tratar a los pacientes. En el centro público en el que la madre de Taina dos Santos, de 56 años, trabajaba como asistente de enfermería hasta que falleció por el virus a finales del mes pasado, algunos se compraron sus propios equipos de protección .

Bolsonaro, quien se ha referido repetidamente al COVID-19 como “una gripecita” y se niega a usar mascarilla en actos públicos, ha sido criticado por los manifestantes que se asoman a las ventanas de sus departamentos para hacer sonar cacerolas y sartenes. El presidente es el protagonista de un grafiti en una pared de Río en el que aparece con mascarilla con la palabra “cobarde” cubriéndole los ojos.

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