Aratirí y el arte de vender espejitos, que seguimos comprando.

El nacimiento de Aratirí.

Corría el año 2011 y se anunciaba en nuestro País con bombos y platillos el desembarco de la  empresa minera Aratirí  que llegaba para presentar  su proyecto de producción y transporte de hierro, en lo que se decía  «será la inversión más grande recibida por el país con unos 2.800 millones de dólares». Se agregaba a todo esto y para entusiasmar» aún más a los escépticos, que  Aratirí construirá una planta en el departamento de Durazno  y habrá de emplear a unas 3.000 personas en su fase de construcción y unas 1500 durante su funcionamiento. Se estima que habrá explotación de hierro para los próximos 30 años.

Aratirí –que significa rayo en guaraní-, se explicaba,  por entonces, pertenece a la empresa india Zamin Ferrous con sede en Londres. El proyecto de inversión, en su primera etapa alcanza los 2.800 millones de dólares, casi tres veces la inversión que realizó Botnia, si se lo compara en dólares.

El proyecto constaba  de dos emprendimientos fundamentales; la planta que se ubicaría  en el departamento de Durazno, sobre la ruta 19 y camino de Las Palmas a unos 20 kilómetros de Cerro Chato y la terminal portuaria que estaría ubicara en la zona de La Angostura, en el kilómetro 288,500 de la ruta 9.

El proyecto abarcaba unas 6.210 hectáreas directamente afectadas-76 propietarios y 148 padrones- mientras que si se cuenta el total del territorio o sea el terreno que está influenciado por el proyecto pero que no tiene contacto físico con las instalaciones de la empresa son unas 14 mil hectáreas.

De los 2.800 millones de dólares de inversión, un 31% iban a ser invertidos en la terminal portuaria, un 25% en la fábrica en Durazno, un 10% en el mineroducto, un 2% en las minas, otro 2% en las piletas y el 30% en otros proyectos, entre ellos la construcción de unas mil viviendas en la zona de la planta para los trabajadores de la empresa.

Se decía, año 2011, actualmente trabajan en la empresa, unos 400 empleados, el 90% habitantes de la zona que fueron especialmente capacitados para su tarea y un conjunto de profesionales, en su mayoría geólogos uruguayos.

Cuando un trabajador no calificado ingresa a la empresa gana un sueldo líquido-en la mano- de 14 mil pesos por seis días de trabajo a la semana en jornadas de ocho horas, pero se estima que después de las negociaciones que ahora se están realizando en el marco de los consejos de salario, se superarán los 15 mil. La empresa está comprometida a pagar un 1% sobre encima del laudo. En el caso de los geólogos, los que ganan menos-que no tienen cinco años de experiencia- alcanzan un sueldo de 32 mil pesos.

En la fase de construcción de la fábrica en Durazno se empleará a unas cuatro mil personas durante el periodo de máxima actividad, teniendo un promedio de tres mil empleados. El emprendimiento comenzará a fines de este año y la planta quedará construida a fines de 2013.

Durante el funcionamiento de la empresa los empleados serán 1.500-contando los trabajadores de las minas, de la terminal portuaria, de la litoteca y de la fábrica- y se estima-según un estudio que la misma Aratirí pidió a la consultora CPA Ferrere- los trabajos indirectos que la empresa generará emplearían a 15 mil personas.

Todo genial, un mega emprendimiento con muchos millones de dólares en danza, mucho empleo para miles de trabajadores uruguayos, que más se podía pedir?

Su corta vida.

El 10 de marzo del 2016 el diario La República daba cuenta que «el proyecto de megaminería a cielo abierto Aratirí quedó definitivamente cancelado tras el vencimiento del último plazo para la firma de un contrato de inversión entre Aratirí y el gobierno uruguayo.

En el referido artículo agregaba; “el proyecto de Aratirí fue promovido con el argumento de generar fuentes de trabajo pero era solo un negocio de ocasión. En enero de 2012 la minera envió a sus empleados al Seguro de Paro y el gobierno prorrogó hasta hoy esta situación para facilitar la negociación del contrato. Vencidos todos los plazos, la empresa ni siquiera ha cumplido con sus obligaciones legales de indemnización por despido”.

Muerte y entierro.

Ayer al mediodía se enterró definitivamente este genial proyecto. En la pasada jornada se  realizó el remate judicial de los campos que pertenecían al proyecto de minería Aratirí, en total fueron 5600 hectáreas en 15 lotes que estaban distribuidos en los departamentos de Durazno, Treinta y Tres y Florida, en el entorno a Cerro Chato.

El remate  estuvo a cargo del estudio Sergio y Maximiliano Fain Rematadores Públicos.

El rematador Sergio Fain contó a la prensa  que la venta transcurrió “sin pena ni gloria”, “con precios bajos y poca dinámica”. En ese sentido, explicó que fueron muchos los factores que jugaron para el resultado obtenido: la situación de inestabilidad del dólar, la realidad política y financiera de Argentina, las elecciones en Uruguay, entre otras más.

Comentó que habían campos con “altísimo valor ganadero” que estaban “bien ubicados” sobre rutas nacionales. “Se vendieron todos los lotes, no habían campos malos, algunos eran de primer nivel, pero los valores fueron escasos”, señaló Sergio Fain.

De acuerdo al anuncio, los campos tenían características ganaderas, agrícolas y forestales. “Las ofertas oscilaron entre los US$ 2000 a US$ 2300 por hectárea” y los acreedores de Aratirí “hicieron uso de los créditos para la compra de la tierra”, contó el rematador, además de empresarios con campos vecinos.

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