Abuso sexual en la infancia, un tema del que se debe hablar más para poder prevenir.

¿De qué hablamos cuando hablamos de abuso sexual en la infancia y en la adolescencia?  La espesura del drama que abarca al abuso sexual contra niños y jóvenes invita a revisar sus ideas fundantes y elementales para detectarlo a tiempo, para comprender el fenómeno y para analizar el impacto de las cifras locales. El tema interpela hasta a los propios expertos que discuten cómo nombrar este delito contra los menores; para ser justos y precisos ante tanta indefensión que atraviesan las víctimas. 

Hace algunas décadas la doctora en psicología y psicoanalista argentina Eva Giberti -que tanto hizo por la correcta difusión del tema de cara a la sociedad- acuñó el término, «Niños y niñas abusados sexualmente por adultos», para denominar al «abuso sexual infantil», como se lo conoce  y llama popularmente. ¿Por qué Giberti insistió con esta idea? Precisamente para ser justa con las víctimas.  

El «abuso sexual infantil no existe», señaló  Giberti en varios de sus escritos académicos. Llamarlo así es una simplificación. No hay abuso sexual infantil, porque infantil es un calificativo de abuso y el abuso no es calificable como infantil. La forma correcta es decir: «Niños y niñas abusados sexualmente por adultos». De la otra manera queda encubierta la idea de que el adulto es el responsable.  

 Al decir «abuso sexual infantil» se infantiliza la conducta y se hace de alguna manera responsable al infantil sujeto. Diciendo «abuso sexual en la infancia», se hace responsable al adulto que cometió el hecho y el niño queda cubierto».

n el marco del día de lucha contra el maltrato y el abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes, se presentaron las cifras de los casos registrados en 2018.

El Sistema Integral de Protección a la Infancia y Adolescencia contra la Violencia (Sipiav), en nuestro País atendió en el año 2018  más de 4000 casos,  el 23% fueron abusos sexuales comprobados.

Debemos aclarar que  se trata de los casos atendidos  pero  debe haber otros niños que sufren violencia y aún no lo han podido expresar.

El 94% de los abusadores son familiares de las víctimas.

«De todas las formas de maltrato a niños y niñas, la más difícil de aceptar, reconocer y diagnosticar es el abuso sexual en la infancia que está en la pirámide de la complejidad. Por ello el abuso sexual se mantiene oculto, por vergüenza, temor y porque se violan tabúes sociales y roles familiares. Los adultos, la mayoría de las veces reciben con incredulidad el relato de un niño, niña o adolescente y tiende a desmentirlo».  “El abuso sexual es el maltrato más humillante, vergonzante y culpabilizante porque el depredador ha convencido a la víctima de su culpa en el crimen”.

Una de las definiciones más claras sobre abuso sexual sufrido en la infancia es la que formuló el Comité Permanente sobre Niños que sufrieron Abuso Sexual –con sede en el Reino Unido- (SCOSAC  , Standing Committee On Sexually Abused Children, por sus siglas en inglés): «Cualquier niño/a por debajo de la edad de consentimiento puede considerarse sexualmente abusado cuando una persona sexualmente madura, por designio o por descuido de sus responsabilidades sociales o específicas en relación al niño/a, ha permitido su participación en cualquier acto de una naturaleza sexual que tenga el propósito de conducir a la gratificación sexual de la persona sexualmente madura».

Habitualmente se da,  en los ámbitos más cercanos, es decir que es cometido por familiares del niño (padres, padrastros, tíos, abuelos, etc.), amigos o vecinos que tienen acceso al menor, y otras personas entre las que pueden encontrarse profesores, maestros, religiosos, entre tantos otros

Si bien es mayoritario el que sean varones quienes cometen este atentado, la participación de mujeres está comprobada, tanto como cómplices así como también directamente acosadoras.

Lo grave de la situación, más allá de la falta de respeto hacia el otro es que el niño o la niña no está pronto para entender qué le está sucediendo. Quien le rodea se vale de palabras dulces, cariñosas, de halago, sus gestos son afectuosos y tiende a acariciar el cuerpo de forma ambigua para no ser rechazado. Cuando la víctima entra en el juego debido a la seducción del mayor, éste comienza un mecanismo de atracción que genera mucha ambivalencia en el niño o niña. Por un lado estos sienten asco por lo que les hacen, pero por el otro hay una estimulación que acarrea un estado de excitación que les perturba.

A eso se suma el pedido a veces en forma cariñosa, otras violenta o amenazante de no contar lo que está ocurriendo, por lo que las conductas comienzan a cambiar, lo cual debe dar la señal de alerta a los familiares

El crimen que se comete ante la víctima indefensa es que, aún no sea mancillado su cuerpo, trastoca el necesario proceso infantil que está llevando a la persona a un descubrimiento paulatino de su propia sexualidad, provocando además sentimientos ambivalentes de rechazo hasta sí mismo, por sentir que está haciendo algo malo que él se acusa de cometer

Una paciente abusada por un mayor de la familia, cuando confiesa lo que ocurre recibe el rechazo de su madre, quien la acusa de ser ella la que provocaba al mayor. Pasados los años, aún la progenitora sigue defendiendo a quien cometió la falta, y culpando a la niña, hoy mujer, de lo ocurrido durante un tiempo prolongado. Este tipo de conducta es, lamentablemente, más común de lo que se cree

No es sencillo prevenir. Pero se debe estar alerta ante comentarios del niño o niña, en relación a personas cercanas. Establecer diálogo y fomentar la confianza. Evitar la acusación y averiguar por nuestra cuenta cuánto de real puede haber en lo que dice la posible víctima para, una vez comprobado, actuar en consecuencia. Estar atento cuando se note el manoseo de mayores a menores, el sentarse en la falda de adultos, el besuqueo.

Enseñarle al niño o niña a saber decir NO, cuando sientan que el mayor se torna con conductas que no comprende, y lo induce a lo que no entiende. Hablar mucho y claramente sobre sexualidad

Escucharlo cuando pregunte y responder siempre con la verdad, en un lenguaje adecuado a su comprensión

La vocera de la Red contra la Violencia Domestica, Teresa Herrera,  expresó que el aumento de las denuncias por abuso sexual, que pasó  de 320 el año pasado a 975 en 2019, se debe a que finalmente se están exponiendo estas situaciones que permanecían ocultas.

Herrera valoró que se realicen las denuncias y cuestionó firmemente las penas que se les imponen a los abusadores sexuales calificándolas como una “barbaridad”.

Herrera dijo que aún quedan resabios muy antiguos en la legislación, al tiempo que recordó que desde su colectivo se solicitó que no se incluyeran los delitos sexuales en los juicios abreviados.

La activista sostuvo que, salvo excepciones, la persona que abusa sexualmente de menores vuelve a agredir a niños, niñas y adolescentes. Herrera subrayó que no se les aplica tratamiento a las personas con esta patología y se los deja en libertad.

 

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