A 22 años de sucedido se escucharon los audios de los pilotos del avión de Austral que cayó en las cercanías de Nuevo Berlín

Casi 22 años después de la mayor tragedia aerocomercial argentina, y a cinco meses de iniciado el juicio contra 35 exdirectivos y exfuncionarios por su presunta responsabilidad en el estrago doloso, se escuchó ayer en los tribunales federales de Comodoro Py el audio de las conversaciones de los pilotos del vuelo AU 2553 de Austral, con ese desesperante y conmovedor último minuto en el que el comandante del DC9-32 grita «¡Dios mío! ¡Nos matamos, nos matamos!».

Ante una conmocionada audiencia integrada mayormente por familiares de las 74 víctimas de la caída desenfrenada del avión sobre el campo de una estancia cerca de Nuevo Berlín, en la mitad del trayecto que debía cubrir entre Posadas y Buenos Aires la noche del 10 de octubre de 1997, nada alteraba el silencio de la sala, excepto el sonido metálico de las conversaciones en la cabina y los ruidos propios del vuelo.

«Nunca lo había escuchado el audio. Fue terrible, sobre todo la parte final. Se me vino a la cabeza todo lo que pudieron haber sentido todos arriba del avión», sostuvo a LA NACIÓN Silvina Rumachella, abogada de la querella y hermana de una de las víctimas.

De los 18 minutos de audio, los últimos dos comienzan a prefigurar la catástrofe que se avecinaba. Piloto y copiloto, Jorge Cécere y Horacio Núñez, advierten serios problemas en las mediciones del instrumental mientras atravesaban una tormenta, a la altura de Entre Ríos, en el trayecto hacia Aeroparque.

Imposibilitados de guiarse de modo visual, con indicaciones de instrumental erráticas (les indicaban una pérdida de velocidad relativa -luego se sabría que era producto del engelamiento de tubos pitot y de la falta de una alarma que les advirtiera el inconveniente-), intentan comunicarse con el control del Aeropuerto de Ezeiza para pedir permiso para descenso. A partir del minutos 17.06, el tono de voz del comandante, Jorge Cécere, denota la urgencia: «¡Por favor, autoríceme ya el descenso!», casi grita.

Pero la fatalidad los alcanza y 24 segundos después se escucha que grita «!No, no, carajo! ¡Nos matamos, la puta que lo parió! ¡Nos matamos, la concha de la lora!», en un tono que hiela la sangre.

El final del audio, el silencio, marcó la audiencia más emotiva y desgarradora desde que empezó el debate por este caso en los tribunales de Comodoro Py, el 26 de marzo pasado.

En el banquillo de los acusados están exdirectivos y empleados de la aerolínea -en esa época, operada en concesión por la española Iberia- y exfuncionarios de la Fuerza Aérea, que por entonces tenía a su cargo el control de las operaciones de la aeronavegación comercial del país.

La sala AMIA de los tribunales de Comodoro Py está dividida en dos. De un lado del blindex estaban los jueces del Tribunal Oral Federal (TOF), Daniel Obligado, Adriana Pallotti y José Martínez Sobrino; el fiscal Juan García Elorrio y su equipo; los acusados y sus defensas, y los abogados de la querella. Del otro una decena de familiares de las víctimas que siguieron con angustia el momento en que se reprodujo el registro de voces del comandante Cécere y su segundo en el LV-WEG, Núñez.

Como se dijo, el audio dura 18 minutos. Los momentos de mayor tensión y dramatismo fueron los últimos 60 segundos cuando los tripulantes del avión se dan cuenta de la inminente tragedia. Antes, la conversación giró sobre cuestiones personales. Según lo que se pudo escuchar en la sala de audiencias, uno de los pilotos le contó a su compañero que tenía tres hijos: uno de 12 años, otro de nueve y un bebé de siete meses.

En el registro de voces también se escucharon las comunicaciones con la torre de control del aeropuerto internacional de Ezeiza. Hubo tres. La última fue la más dramática: «Por favor, autoríceme ya el descenso», rogaron desde el avión.

El DC9 de Austral  se desplomó en Rio Negro,  poco antes de la medianoche del 10 de octubre de 1997, tras haber partido de Posadas hacia Buenos Aires. No hubo sobrevivientes.

Otro de los momentos que se pudo reconstruir a partir del registro de audio fue durante los primeros minutos cuando uno de los tripulantes preguntó: «¿Puede ser que haya algún teléfono mal apagado»? Este punto para la querella es fundamental porque, según explicó Rumachella, podría demostrar una preocupación en el diálogo de los pilotos sobre el encendido de una alarma

No todos los familiares presentes pudieron escuchar la reproducción del audio. Regina Amouraben, viuda de Raúl Kohen, una de las 74 víctimas, salió de la sala cuando empezó a escucharse las voces del piloto y copiloto.

«No pude escuchar el audio. En ese momento comencé a sentir un dolor en el estómago», contó Amouraben. Su marido era oftalmólogo y había viajado a Misiones para participar de una intervención quirúrgica.

Hay familiares que no se perdieron ninguna de las 16 jornadas que lleva el juicio oral y público. Todo miran y escuchan lo que sucede con atención. Todos se visten con una camiseta que lleva impresa una leyenda: «Vuelo 2553. ¿Dónde está la Justicia? 10/10/1997-??/??/?? #Austral2553».

Los hermanos Agustina, Federico y Carlos Cassinelli también estuvieron presentes en las audiencia. No faltan nunca. Su padre fue una de las 74 víctimas. Fue la primera vez que escucharon  las voces del piloto y copiloto. Habían leído transcripciones en el expediente judicial pero lo que se sucedió en el juicio fue distinto. Se los veía conmovidos. Pero también, coincidieron, sintieron que pudieron escuchar lo que se vivió en el momento previo a la tragedia y lo último instante antes de que la tragedia se llevara a su ser querido.

Fuente La Nación.

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